¿Va a sustituir un robot tu profesión?
Inteligencia artificial, robótica, automatización de procesos, redes neuronales… son conceptos que escuchamos y conocemos. Todavía los vemos como algo por llegar, una especie de ciencia ficción que pensamos que…
Andrés Romero Socio director de NewCo Legal
Inteligencia artificial, robótica, automatización de procesos, redes neuronales… son conceptos que escuchamos y conocemos. Todavía los vemos como algo por llegar, una especie de ciencia ficción que pensamos que no veremos aplicada a nuestras profesiones y trabajos. ¿Seguro?
Piensa ahora en Siri, en Watson, en los coches con piloto automático de Google o Tesla, o simplemente en cómo los algoritmos han sustituido la labor más técnica o de análisis de los brokers en materia de inversiones bursátiles.
Seguramente, a corto y medio plazo no todo es blanco o negro. Es muy probable que casi todas las profesiones y sectores se vean de alguna manera afectados por esta nueva revolución tecnológica, pero en la mayoría de los casos —al menos en aquellos en los que la parte intelectual juega un papel importante— las tecnologías no sustituirán por completo las habilidades de los trabajadores. Eso sí, tendremos que adaptarnos para competir en un entorno en el que muchas labores se verán sustituidas (o mejoradas) por soluciones tecnológicas que, tras un periodo de adaptación, acabaremos introduciendo como consumidores y profesionales en nuestras actividades diarias.
Tomemos como ejemplo el sector legal. ¿Sustituirán las máquinas a los abogados? Lo más probable es que —al menos en muchas décadas— no. Sin embargo, lo que sí va a cambiar en muy poco tiempo (de hecho ya está cambiando) es la forma en que nos relacionamos con los abogados, la forma en que estos desarrollan su trabajo y la utilización de numerosas herramientas que van a sustituir servicios de bajo valor añadido o repetitivos, claramente susceptibles de automatización y optimización.
Algunas tareas en el ámbito jurídico son repetitivas y están perfectamente estandarizadas. En muchos casos, un contrato sencillo no es más que un juego de preguntas y respuestas en una entrevista abogado-cliente. Numerosos documentos legales no son más que modelos y formularios en los que introducir datos para presentarlos en un registro público. ¿Alguien duda de que todos estos procesos van a realizarse de forma automática? Esto va a suponer un gran cambio: dar el control al cliente.
Es en los procesos complejos, en aquellos en los que hace falta criterio jurídico, en los que el factor humano seguirá jugando un papel fundamental y en los que el sentido común debe imperar sobre las habilidades técnicas, donde el abogado deberá aportar su verdadero valor añadido y dejar a la máquina que haga su trabajo.
— Andrés Romero