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¿Va a sustituir un robot tu profesión?

Inteligencia Artificial, robótica, automatización de procesos, redes neuronales… son todos conceptos que escuchamos y conocemos. Todavía los vemos como algo por llegar. Una especie de ciencia ficción que pensamos no veremos aplicada a nuestras profesionales y trabajos… ¿seguro?

Piensa ahora en Siri (Apple), Watson (IBM), los coches con “piloto automático” de Google o Tesla, o simplemente como los algoritmos han sustituido la labor más tecnica o de análisis de los brokers en materia de inversiones bursátiles.

Seguramente, a corto-medio plazo no todo es o blanco o negro. Es muy probable que casi todas las profesiones y sectores se vean de alguna manera afectados por esta nueva revolución tecnológica pero, en la mayoría de los casos (al menos aquellos en los que la parte intelectual juega un papel importante) las tecnologías no sustituyan por completo las habilidades de los trabajadores, aunque, eso sí, tendremos que adaptarnos para competir en un entorno en el que muchas de las labores se vean sustituidas (mejoradas) por nuevas soluciones tenológicas que, tras un periodo de adaptación, introduciremos como consumidores y profesionales a nuestras actividades diarias.

Tomemos como ejemplo el sector legal. ¿Sustituirán las “máquinas” a los abogados? Lo más probable es que -al menos en muchas décadas- no. Sin embargo lo que sí va a cambiar en un plazo muy corto de tiempo (de hecho ya está cambiando) es la forma en que nos relacionamos con abogados, la forma en que éstos desarrollan su trabajo, y la utilización de numerosas herramientas que van a sustituir servicios de bajo valor añadido o repetitivos que son claramente susceptibles de automatización y optimización si se aprovecha la tecnología disponible.

Algunas tareas en el ámbito jurídico son repetitivas y están perfectamente estandarizadas. En muchos casos, un contrato sencillo no es más que un juego de preguntas y respuestas en una entrevista abogado-cliente. Numerosos documentos legales no son más que modelos y formularios en los que introducir datos para presentarlos en un registro público. ¿Alguien duda de que todos estos procesos van a ser realizados de forma automática? Esto va a su poner un gran cambio: dar el control al cliente.

Es en los procesos complejos; en aquellos en los que hace falta “criterio jurídico”; procesos en los que el factor humano seguirá jugando un papel fundamental; y aquellos en los que el sentido común debe imperar sobre las habilidades técnicas, donde el abogado deberá aportar su verdadero valor añadido y dejar a la “máquina” que haga su trabajo.

Andrés Romero